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Una transición con sabor a…

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No sé si a usted, estimado lector, le parece que la transición que estamos viviendo es algo raro de definir. Quizá sea que pocos ya recuerdan lo sucedido en el 2000 –que es, de hecho, la única experiencia que tenemos en la materia–, pero por lo que hemos visto en las semanas posteriores a la elección presidencial, lo que está sucediendo nos está dejando un sabor raro, complicado de describir, tal vez por la cantidad de exmilitantes que se mezclan en esta ocasión.

 

Caldo gordo

Si hacemos un breve recuento, luego de conocerse el resultado del pasado 1 de julio, el candidato ganador y presidente electo no ha parado –más que unos cuantos días– de dar declaraciones, anunciar acciones que tomará a partir de diciembre y comunicar los nombramientos de los miembros de su gabinete.

No estaría mal, si no es por el hecho de que con esto no sólo opacó al actual gobierno federal –que dicho sea de paso, se hizo olímpicamente a un lado–, tomando su lugar y convirtiéndose en los hechos en el mandatario en funciones.

Si bien López Obrador cuenta con un respaldo popular que lo llevó a la presidencia, en algo que analistas como Enrique Quintana de El Financiero describen –con base en las encuestas del INEGI que miden la confianza del consumidor– como una verdadera euforia, hay que señalar que con algunas decisiones dadas a conocer dicho respaldo se empieza a erosionar.

Nada más ver las reacciones –incluso de sus leales– con nombres como Germán Martínez, Manuel Mondragón, Manuel Bartlett.

Además, hay que señalar las polémicas que se han generado con relación a las próximas titulares de Medio Ambiente y Conacyt; una por los colmillos de elefante que estaban como escenografía de la sala en donde la entrevistaron, así como por asegurar que cree en aluxes –algo que se debe respetar, aunque no se comparta–, en tanto que la otra funcionaria se ha mostrado contraria a las semillas transgénicas, pero con argumentos que se alejan de lo científico.

Si bien ambas tienen credenciales académicas para ocupar el puesto, preocupa que mezclen sus conocimientos con otro tipo de creencias, por muy folclóricas que parezcan.

Además, hay que mencionar el tema de la constitución moral, algo que si bien no ha sido analizado a fondo, empieza a provocar dudas acerca de la verdadera intención acerca de esto, pues si bien es cierto que México tiene una crisis de valores, también lo es que el gobierno no puede –sobre todo por decreto– imponer normas morales de conducta, pues la alternativa deseable sería emprender campañas de concientización o de educación en ciertos valores en los cuales haya coincidencia.

Y por lo visto en la campaña electoral pasada, en especial en redes sociales, no estaría mal que empezaran con los propios seguidores del ahora presidente electo, pues si alguien faltó a la civilidad fueron ellos en primer lugar, seguidos por los activistas de otras candidaturas.

Luego tenemos la reaparición de René Bejarano en medio de cuestionamientos acerca de si habrá conflictos de interés por la visita a la empresa Agromod de Alfonso Romo para dar a conocer un programa que pretende plantar con árboles frutales y maderables un millón de hectáreas, pues dicha empresa se especializa –precisamente y para despertar el sospechosismo– en producir árboles frutales, como los de papaya maradol.

Bejarano llegó de nueva cuenta a la escena pública al darse a conocer –gracias a Reporte Índigo– que estaba preparando una red de 300 representantes distritales que trabajarán junto a los 32 coordinadores estatales para bajar recursos de los programas federales.

Si usted pensó en una red clientelar a favor de Morena para las próximas elecciones, no anda muy lejos de la realidad.

Todo lo anterior, en momentos en que cuentas con pocos seguidores en redes sociales reviran a los críticos aludiendo a la concordia que el país necesita y como los comentarios negativos no ayudan a la reconciliación, como si este tipo de observaciones se tuvieran que omitir porque no les parece apropiado a algunos.

Quizá este tipo de personas hubieran explotado en furia si alguien les pidiera que no criticaran el Pacto por México en su momento, para alcanzar una reconciliación necesaria para resolver la guerra contra el narcotráfico al inicio del presente sexenio.

Así, este resumen nos deja con un raro sabor de boca, uno que no puede ser definido fácilmente, pero que nos deja una gran cantidad de dudas para el próximo sexenio, porque para Enrique Peña Nieto esto ya termino y háganle como quieran con el que se queda en su lugar.

 

Del tintero

Dicen algunos, en palabras cuya autoría se ha perdido entre tantas interpretaciones, que no haya ilusos para que no haya desilusionados. Una frase que bien se puede inscribir en letras de oro no sólo en el Congreso de la Unión, sino en el INE y en todas las casillas para las próximas elecciones.

 

@AReyesVigueras