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El ejemplo de un solo hombre

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Será interesante observar como se comportan los colaboradores cercanos al presidente electo, en especial cuando ésta ha declarado que su ejemplo servirá para acabar con la corrupción y que no dará permiso de robar. En la búsqueda de un ejercicio basado más en la moral que en una normatividad que obligue a los servidores públicos a comportarse con rectitud, habrá que estar atentos a la manera en que se sigan las indicaciones de López Obrador.

 

Moral para todos

Lejos de la discusión por las medidas a implementar a partir de diciembre o de los nombramientos de personajes cuestionados por su pasado, hay que ver la corriente de opinión que está fortaleciendo la idea de que el ejemplo de un solo hombre va a servir para acabar con la corrupción.

Por supuesto que es positivo que el mandatario en turno predique con el ejemplo, en especial cuando los mexicanos nos encontramos indignados por tantos escándalos que involucran Casas Blancas, conflictos de interés, Estafas Maestras y demás ejemplos que resumen lo que fue el actual sexenio.

Luego de tanta frivolidad y despilfarro, es bueno que el presidente electo viaje en una línea aérea comercial, que lo haga sin todo un aparato de seguridad ostentoso y que se acerque al pueblo.

Pero pensar que por el hecho de que el sea honesto –como ha clamado durante tantos años, al grado que sus seguidores presumen esa característica por encima de otras deseables como la capacidad–, habrá un efecto contagio y el encargado de una oficina de licencias dejará de pedir “mordida” a partir del 1 de diciembre, hay un trecho enorme, abismal.

Y es que el mexicano no aprende de sus errores y no ve más allá de un momento. Veamos. En el sexenio de De la Madrid se habló de una renovación moral de la sociedad y la corrupción no descendió, a pesar de que el sexenio anterior se prometió administrar la abundancia.

En el de Zedillo se encarceló al hermano de un expresidente, pero no bajó el número de actos de corrupción a pesar del mensaje que se enviaba con la aprehensión.

En la segunda administración de gobierno en la capital del país, luego de la de Cuauhtémoc Cárdenas, el titular presumió su honestidad, pero no alcanzó para modificar la conducta de su tesorero ni de su secretario particular.

Esperen, si no es un deja vu entonces estamos en problema, porque 18 años después el personaje citado –más otro que se menciona– regresan ahora como presidente y responsable del Movimiento Nacional por la Esperanza que bajará recursos de programas sociales en los 300 distritos en el país.

Así que la pregunta sigue siendo válida, ¿podrá el ejemplo de un solo hombre cambiar la conducta de miles de servidores públicos y ciudadanos que no son capaces de respetar ni una señal de tránsito?

De que habrá cambios en la estructura de la administración pública federal no hay duda, de que llegará nueva gente, tampoco; pero lo que tenemos que ver es si los que se queden –a pesar de la descentralización y la reducción de sueldos en puestos de confianza– seguirán el ejemplo del presidente de la república y dejarán de comportarse como lo hacían en las administraciones anteriores.

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Así que pensar que con un solo ejemplo se acabará con la corrupción, sin perfeccionar la normatividad que se tiene para este objetivo, sin fiscal anticorrupción, sin acabar con la impunidad, es ser ingenuo.

Además, hay que considerar que para terminar con la corrupción deberá pasar tiempo, pues no es un proceso automático ni mágico. Países como Irlanda o Corea del Sur tuvieron que esperar décadas para ver los frutos de sus esfuerzos anticorrupción, a lo que hay que agregar que en naciones como Alemania o Estados Unidos siguen presentándose este tipo de prácticas.

Hay que saludar el esfuerzo del presidente electo por ofrecer una imagen de que no es corrupto y que su discurso vaya en el sentido de no permitir –o no dar permiso para robar, como en campaña dijo– actos de corrupción, pero esperar que los miles que se han beneficiado y que seguirán incrustados en el aparato público vayan a cambiar de un día para otros es, insisto, ingenuo.

Aquí entra la sociedad civil y sus esfuerzos de vigilancia y denuncia con relación a estas irregularidades, las cuales deben continuar con estar tareas para evitar que las promesas de campaña queden en eso.

Por lo anterior, no se comprende como algunas personas –en especial en el espacio de las redes sociales– piden que ya no se critique al tabasqueño, en especial a analistas y columnistas, como si hubiera llegado a la presidencia una presencia inmaculada, más cercana al Espíritu Santo que a cualquier mortal con virtudes y defectos. Pero así está el escenario político en nuestros días.

 

Del tintero

Y que sale absuelta Elba Esther Gordillo y que se desencadenan las interpretaciones acerca de lo que hay detrás de esto: que si es un pacto, que si es de las primeras decisiones del electo; lo más probable es que todo sea fruto de la ineficacia del presidente emérito, ¿no cree usted?

@AReyesVigueras