Diez millones
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La pesada lápida del PRI

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Creyendo llevar una lápida protectora como el legendario héroe de la Independencia, el candidato Meade se lanzó a la palestra para lograr la Presidencia de la República. Pero a diferencia del Pípila, en este caso la lápida no le protege; al contrario, es una pesada carga que no lo deja mostrar sus cualidades.

Ha sido tal el abuso de políticos de ese partido, como los gobernadores del llamado "Nuevo PRI", que el atractivo que pudiera haber representado la experiencia positiva de un burócrata excepcional no resalta. Su honradez y su capacidad son cuestionadas a pesar de sus comprobadas credenciales. En el pensar popular éstas no caben juntas dentro de ese partido que ya ha mostrado cómo fue tanto en su versión original como en la renovada, pues domina la ambición personal. Las comaladas de millonarios de las que hablaba Emilio Portes Gil en los años setenta del siglo pasado siguen iguales por los Duarte, los Borge, etc.

José Antonio Meade no es un mal candidato a pesar de no ser carismático. Está preparado y sabe hablar, aunque sólo logre atraer la atención de pocos electores porque la losa que lleva a cuestas lo define de cuerpo entero. Desde el día que dijo "Háganme suyo" se mimetizó con el partido, sus sátrapas y su mala fama; desde ese día carga la lápida que no le deja acercarse a intenciones de voto competitivas. Por más ingenio que muestre en debates y presentaciones, no avanza. Es más conocedor e inteligente que el actual mandatario, pero los errores de él no le favorecen.

La Casa Blanca, Malinalco, Ayotzinapa, el tren rápido a Querétaro y hasta el Nuevo Aeropuerto lo preceden cual fantasmas. A Meade no se le conocen declaraciones erróneas, equívocas o chuscas, pero no puede desprenderse de las de otros miembros del gobierno actual. Tampoco ha logrado distanciarse de los estigmas por casos de corrupción e impunidad que abundan en su partido.

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Su oferta política no es exclusiva ni única. Es compartida por los dos candidatos que lo superan; no ha sabido encontrar una propuesta que no tengan otros. Prácticamente todas sus propuestas de mejora (al Campo, al Seguro Popular y a las instituciones de Salud, a las guarderías, al transporte público, al turismo, a la atención a migrantes), a otorgar salario a jefas de familia, o los compromisos con la frontera norte también la tienen, con variantes, sus dos competidores.

Adicionalmente le es difícil vender el combate a la corrupción que el actual gobierno usó como bandera en 2012. Como permitió que ésta creciera absurdamente es quizá lo más pesado de la lápida, pues el desprestigio gubernamental en este rubro es inmenso. Ya se ve derrotado aunque él quisiera desprenderse de su lápida.