Diez millones
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A contracorriente del cambio tecnológico

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La compañía de fotografía Kodak muestra la importancia de tomar en cuenta, con anticipación, los cambios tecnológicos. Ignorarlos sólo lleva al desastre. Diseñaron materiales sensibles a la luz, inventaron aparatos sofisticados para captar imágenes y establecieron una nueva industria.

Fundada en 1888, Kodak fue exitosa por más de 100 años, y para muchos fue el modelo a seguir. Sus productos abrieron un mercado hasta entonces desconocido, lograron que millones se interesaran en conservar recuerdos culturales y de familia con sus productos. Muchos los imitaron, algunos con éxito, y hubo una gran competencia por un mercado antes inexistente. En todos los rincones de la tierra se encontraba a Kodak en rollos fotográficos, papel sensible e incluso cámaras de todo tipo.

Por su ingenio comercial nunca pasó la posibilidad de que el negocio pudiera acabarse algún día. Las ventas subían año con año, a veces en forma impresionante, y la competencia les arrancaba sólo migajas. Cada vez había aparatos fotográficos más sofisticados que demandaban nuevos productos. Incluso desarrollaron un sistema que revelaba rollos y al tiempo de imprimir fotos, las grababa en forma digital. Todo mundo alabó el ingenio sin ver que ahí nacía lo que terminaría con la gran Kodak.

Las cámaras digitales también fueron hechas por Kodak o sus empresas, pero por su precio y las facilidades que ofrecía, estos aparatos los fabricaron infinidad de empresas. Las cámaras digitales en poco tiempo sustituyeron a las que usaban rollo y requerían revelado. Al cabo de poco tiempo Kodak -y varios de sus competidores como Fuji o Agfa- tuvieron que reducir actividades o de plano, cesar de existir. Kodak despidió miles de trabajadores en todo el mundo y cerró cientos de plantas.

Ahora que el nuevo gobierno anuncia entre sus planes la instalación de una refinería de petróleo en Dos Bocas, Tabasco, debemos hacerle pensar en el cambio tecnológico que viene. Si bien ya no habla de tres refinerías como lo hizo durante la campaña, incluso construir una en momentos de importantes cambios tecnológicos, suena a desatino.

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Reparar tres refinerías de las actuales es tarea urgente, y darles adecuado mantenimiento a las otras tres es prioritario. Pero hecho lo anterior -en lo que el gobierno actual falló terriblemente-, debe pensarse si en verdad se requerirá construir una más. Cierto que el parque vehicular ha crecido exponencialmente, pero ya no crecerá de la misma manera en el futuro ni seguirán utilizándose sólo vehículos con motor de combustión interna. El vehículo eléctrico está aquí para quedarse y sustituir cada vez más a los de combustión interna. No sólo abaten la contaminación y son de mantenimiento más sencillo, sino su precio será cada vez menor.

Con el precio de los autos eléctricos competitivo con los actuales, se usarán menos los de motor a gasolina o gas, reduciendo la demanda de gasolinas. De esa manera tampoco ya no habrá suficiente demanda para una mayor capacidad instalada. PEMEX debe hacer un profundo estudio de la demanda futura para no caer en un error como el de Kodak. Incluso analizar la utilización parcial de mezclas de etileno con gasolinas, como se hace en Brasil hace décadas.

Aquí no se trata de hacer comentarios para afectar la política. Se trata de hacer ver la inconveniencia de invertir varios cientos de miles de millones de pesos en una refinería que producirá gasolinas que ya no encontrarán demanda. Ese dinero estará mejor usado en Educación en los estados más atrasados del país.

 

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