Diez millones

Decepciones

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Fueron tantas las promesas de campaña que hizo el candidato triunfante que ya no ve forma de cumplirlas, ni siquiera las importantes. Es cierto que nadie esperaba que cumpliera todo lo prometido, ni que alcanzaran los recursos para llevarlas a término, pero es él mismo quien se está llevando las mayores decepciones.

El ciudadano de a pie, quien hace su vida diaria sin pensar en política ni en manejar a los demás, ya se dio cuenta que no hay forma de que baje el precio de la gasolina aunque sí pudiera reducirse. Ya vio que Peña no pudo mejorar los precios de la energía a pesar de promesas y palabrería, también sabe que López Obrador tampoco lo hará. Sólo se podrían reducir esos precios si el gobierno aceptara reducir los impuestos que aplica, pero eso sucede sólo en las novelas y en la imaginación de los ilusos.

Pero la mayor de las desilusiones del electo es el no poder convencer a los demás a ceñirse a sus ideas. Logró que 30 millones votaran por él y puede imponerse a (casi) todos sus subordinados. Ellos saben que el que no se pliegue se alejaría de la administración pública. Pero no ve la forma de hacer lo mismo con otros Poderes, con Organismos Autónomos (INE, INEGI, etc.) o con los gobernadores. Comenzó con los Ministros de la Suprema Corte, buscando convencerlos de reducir sus ingresos.

La conversación se llevó a cabo en términos cordiales a pesar de lo espinoso del tema, pero los Ministros se salieron con la suya. Aceptaron reducir su presupuesto en forma importante, pero no cedieron bajar sus ingresos a pesar de saber que es uno de los principales puntos ofrecidos durante la campaña por la Presidencia. Quizá llegó con la desventaja de que ni siquiera su propuesta para ocupar la Secretaría de Gobernación, la Ministro en retiro Olga Sánchez Cordero, ha hablado de aceptar se reduzca su pensión a los términos sugeridos por el Presidente.

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Está claro que todo mundo desea que se cumpla la Ley de Dios en las mulas de su compadre pero no en las propias. Limitar sueldos fue promesa de campaña muy aplaudida porque beneficiaba a muchos afectando a pocos, pero ya se vio que no podrá imponerla fácilmente, incluso a esos pocos. Al menos no con su sola argumentación, pues carece de retórica convincente. El Presidente electo va tener que emplear otros métodos para llevar a cabo su propósito. Para no llegar a soluciones de fuerza tendrá que ser sumamente ingenioso porque no sólo requiere que acepten los Ministros sino todos los posibles afectados. Su prestigio como gobernante está en riesgo si no logra que todos acepten hacerlo en forma voluntaria, y estará en mayor riesgo si recurre a medidas de fuerza.

No llegar a cumplir sus principales promesas de campaña no sería novedad entre quienes han llegado a la Primera Magistratura. Casi todos han tenido que recurrir a la publicidad para que la población se entere de la forma en que cumplió lo prometido, aunque sea en mínima parte. ¿Pero cómo va a salvar su prestigio el Presidente electo si no es capaz de convencer a los Ministros?

 

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